DIARIO DE AVENTURAS: BARILOCHE – DÍA 14

Penúltimo día de nuestra luna de miel, último día de snowboard y ya íbamos cayendo en la cuenta de que nuestros días en Bariloche llegaban a su fin.

Sábado. Nos levantamos con ánimo de exprimir el día al máximo, de disfrutarlo todo; la nieve, el paisaje, los descansos, las comidas, el aire del sur.

Madrugamos – no queríamos desaprovechar el tiempo – y a eso de las 10 nos fuimos al Cerro. Era nuestro último día de snowboard, nuestro último pase y nuestra última subida de ese fantástico año, 2015.

El día estuvo despejado al igual que nuestras mentes. No corrimos en ningún momento. Disfrutamos cada bajada y cada descanso. Sacamos fotos en los refugios, tomamos mates al rayo del sol, bronceándonos con la nieve y respirando el incomparable aire de montaña.

Grabamos en nuestras mentes el silencio de las pistas que casi nadie usa y la música que se escucha en los refugios (tanto que cada vez que escuchamos alguna canción de Bob Marley nuestras mentes se van automáticamente al Cerro y nos recuerdan las cosas lindas que ahí vivimos). Intentamos, aunque no con mucho éxito, pintar en la memoria las postales que Catedral ofrece (y a pesar de eso cada vez que llegamos nos quedamos boquiabiertos).

DISFRUTAMOS CADA MOMENTO.

Y así, como quien no quiere la cosa, el día pasó, despacito y sin ningún apuro (por suerte). La tarde y la noche llegaron y nos tocaba despedir el día y, ya casi, nuestro viaje.


ADVENTURE’S DIARIES: BARILOCHE – DAY 14

 

Penultimate day of our honeymoon, last day of snowboarding and we were realizing our days in Bariloche were coming to an end.

Saturday. We woke up wanting to seize the day, to enjoy everything; the snow, the landscape, the breaks, the meals, the southern air.

We got up early – we didn’t wanted to waste our time – and around 10 am we went to the Hill. It was our last day of snowboarding, our last ticket and our last climb of that fantastic year, 2015.

The day was as clear as our minds. We didn’t run at any time. We enjoyed every descend and every break. We took photos at the refuges, drank “mates” at the sunlight, getting a tan with the snow and breathing the incomparable mountain air.

We recorded in our minds the silence of the paths that almost nobody uses and the music you can hear at the refuges (so much so everytime we hear a Bob Marley’s song our minds go to the Hill and remind us the amazing moments we had there). We tried, although not succesfully, to paint in our memories the landscapes the Hill offers (even though everytime we visit Cerro Catedral we fall in love with it again)

WE ENJOYED EVERY MOMENT.

And just like that, the day came to and end, slowly and without any hurry (luckily). The afternoon and the evening came and it was time to say goodbye to the day and, almost, to our trip.

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