DIARIO DE AVENTURAS: BARILOCHE – DÍA 7

“Ni siquiera llamaría al snowboard un deporte. Para mí es simplemente un modo de vida. Es la oportunidad para finalmente apagar el cerebro y vivir el momento. Y, mientras pueda, lo haré hasta el día que muera.”
Travis Rice

Durante el año previo a nuestro casamiento, cuando Darío me hablaba del snowboard; de cuánto le encantaba, de cuántas ganas tenía de volver a subirse a la tabla, todo esto acompañado de onomatopeyas que imitaran el sonido de la nieve al andar (algo así como un kchshhhhh) yo pensaba que era un fanático total y que de ninguna manera yo iba a quedar tan emocionada con ese deporte.

Luego del día en Cerro Otto y viendo por la noche que el clima en el Cerro Catedral para el día siguiente era prometedor, decidimos que era hora de mi primera vez sobre una tabla de snowboard. Nos levantamos temprano, con espíritu tranquilo de sábado, desayunamos unos tostados con jugo de naranja + vitaminas y nos fuimos a la parada del colectivo.

Cuando llegó venía lleno de gente, todos con ropa de nieve, skies o tablas de snowboard, cascos, antiparras… Se respiraba la ansiedad por llegar al Cerro y por la adrenalina de un día entero de disfrutar de la montaña.

Alrededor de las nueve de la mañana llegamos a Cerro Catedral, enseguida nos fuimos a alquilar el equipo y cuando estuvimos listos entramos al shopping del Cerro en busca de instructor o escuela de snowboard porque jamás había estado sobre una tabla. La ansiedad y los nervios que tenía eran inexplicables.

Conseguimos un profesor que terminó por ser un copado total, que a pesar de que al principio me costó bastante todo, me tuvo paciencia y me ayudó y enseñó lo básico para que después por mi cuenta pueda seguir practicando y aprendiendo.

Historia larga en versión corta; me maté a palos todo el día, me caí de la aerosilla al bajar incontables veces, me llené de moretones, me dolió todo el cuerpo… El snowboard me destrozó. Y me enamoró como ningún deporte lo hizo.

Lejos estoy de ser una experta y cada año disfruto y aprovecho cada día en la montaña para aprender nuevos movimientos, para perfeccionar los que ya se y obviamente para disfrutar; disfrutar de la vista desde la cima, de los días de nieve virgen, de la paz y el reencuentro conmigo misma, con mi cuerpo y mi mente en estado de tranquilidad.

Y lo que más disfruto son los recuerdos, las imágenes que sobre la tabla conseguí y que jamás podría olvidar, los bloopers y porrazos, el cansancio después de haber dedicado un día entero a la montaña.

Al principio temía lastimarme de gravedad y que un mal golpe me arruine las vacaciones, pero el snowboard me dio mucho más de lo que imaginé y de lo que puedo pedir.

“Mientras pueda, haré snowboard hasta el día que muera.”


ADVENTURE’S DIARIES: BARILOCHE – DAY 7

“I wouldn’t even call snowboarding a sport. For me it’s just a way of life. It’s a chance to finally shut your brain off, and live within the moment. And, for as long as I am able, I will ride until the day I die.”
Travis Rice

During the year before our wedding, when Dario told me about snowboarding; about how much he loved it, how much he wanted to get back on the table, all this accompanied by sounds that mimicked the sound of snow when riding (something like a kshshhhh) I thought he was a total fan and that I would never going to be so excited about that sport.

After the day at Cerro Otto and seeing at night that the weather at Cerro Catedral for the next day was promising, we decided it was time for my first time on a snowboard. We woke up early, with a quiet Saturday spirit, had some sandwiches with orange juice for breakfast and went to the bus stop.

When the bus arrived it was full of people, everyone was carrying skies or snowboards, helmets, goggles… You could feel the excitement to get to the mountains and the adrenaline of a whole day to enjoy it.

Around nine in the morning we arrived at Cerro Catedral, we immediately went to rent the equipment and when we were ready we went to the mall in search of instructor or snowboard school because I’ve never been on a snowboard. The anxiety and nerves I had were inexplicable.

I got an amazing teacher, that although at the beginning I was terrible at snowboarding, he had patience and helped me and taught me the basics so that later on my own I can continue practicing and learning.

Long story short; I fell all day, I fell out of the chairlift countless times, I got bruised, my whole body ached… Snowboarding shattered me. And I fell in love with it like I’ve never did with any sport.

I am far from being an expert and every year I enjoy and take advantage every day in the mountains to learn new movements, to perfect those I already know and obviously to enjoy; Enjoy the view from the top of the mountain, the days of virgin snow…

And what I enjoy the most are the memories, the images that I got and that I could never forget, the falls, the tiredness after having spent a whole day in the mountains.

At first I was afraid of hurting myself and that a bad blow would ruin my holidays, but snowboarding gave me much more than I imagined and could ask for.

“For as long as I am able, I will ride until the day I die.”

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